La renovación de las farolas de Terrassa ya se nota en las calles y en las plazas de toda la ciudad, y lo que es más visible es el cambio de tipo de luz, que ha pasado de tener una tonalidad amarilla o anaranjada a una de más blanca. Pero más allá de un componente estético, ¿qué implica este cambio?

Podemos explicarlo a través de un valor llamado IRC. El Índice de reproducción cromática (IRC), o color rending index (CRI) en inglés, es un valor numérico que se calcula comparando la apariencia de una muestra de colores determinada bajo una luz, en este caso del LED, con la apariencia que tendría bajo la luz natural del Sol o una luz estandarizada de referencia. Éste índice nos permite evaluar de forma cuantitativa la calidad de una fuente de luz y compararla con otras, teniendo en cuenta que cuanto más alto sea el valor del índice, más parecida a la luz del sol será la fuente de luz analizada y, por tanto, la tonalidad de colores que se muestren.


Figura 1. Percepción de la tonalidad de colores para un IRC de 60, 80 y 90. Fuente: My Led Lighting Guide (https://www.myledlightingguide.com/blog-color-rendering-index-cri).

Hasta ahora, el alumbrado público funcionaba con lamparas de vapor de mercurio o de vapor de sodio de alta presión. Ambas tecnologías las teníamos presentes en nuestra ciudad y producían un elevado rendimiento lumínico, ya que las radiaciones que emitían las lámparas se concentraban en la zona del espectro visible donde la percepción visual era máxima. Por ejemplo, en el caso de las lamparas de vapor de sodio, esta zona pertenecía al color amarillo y es la tonalidad característica de esta luminaria.

Figura 2. Cruce de la calle Igualtat y Calle del Prior Tàpia. El color anaranjado pertenece a lámparas de sodio mientras que el color blanco/amarillo claro pertenece a lámparas LED.

El tipo de luminaria que había antes presentaba ciertos inconvenientes, como por ejemplo:

  1. Aunque la agudeza visual era elevada, el índice IRC era muy bajo.
  2. Las tonalidades anaranjadas o amarillentas dificultaban distinguir los colores reales de los objetos.
  3. Presentaban un elevado coste económico, ya que consumían muchos vatios de potencia.
  4. Generaban más iluminación difusa.

La tendencia actual de las ciudades es apostar por el uso de las lámparas de LED. Las ventajas del nuevo tipo de luminaria son numerosas, pero las principales son:

  • Las lámparas tienen un bajo consumo energético y, por tanto, hay un ahorro económico.
  • Se focaliza la zona que se quiere iluminar y disminuye la contaminación lumínica (que se producía por la radiación difusa)
  • El valor del IRC es elevado, esto nos permite percibir los colores más nítidos.
  • Aumenta la vida útil de la luminaria (la vida media de un LED es entre 30.000 y 100.000 horas, mientras que la de la lámpara de sodio está entre 12.000 y 20.000 horas) y se reducen los residuos y el coste de mantenimiento.
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