Las personas que vivimos en Terrassa y habitualmente nos movemos por ella, conocemos las calles y avenidas donde hay mucho ruido; ¿pero sabemos qué quiere decir ruido? ¿En qué momento se genera más? ¿Qué diferencia hay entre sonido y ruido? ¿Qué quiere decir contaminación acústica? ¿Cuándo pasamos de sonido a contaminación acústica? ¿Cómo se evalúa la calidad sonora? ¿Cómo nos puede afectar la contaminación acústica en nuestra salud? Lo veremos a continuación, pero primero definiremos algunos conceptos que puede crear un poco de confusión.

Es extraño encontrar, de manera natural, un lugar en nuestro planeta sin que podamos percibir ningún sonido a nuestro alrededor, pero es bien cierto que, por diferentes motivos, lo podemos ignorar. Un sonido empieza cuando un cuerpo u objeto en reposo deja de estarlo debido a un factor externo (por ejemplo, si lo empujamos, le damos un golpe…). Es en este momento cuando el cuerpo empieza a emitir vibraciones y produce diferentes ondas de compresión que se propagan en el medio que lo rodea (ya sea por aire, agua, por la tierra…) hasta llegar a nuestros oídos. Es entonces cuando la energía de estas ondas se transforma en impulsos nervioso y llegan a nuestro cerebro donde se procesa la información recibida.

Hablamos de sonido cuando nos proporciona una sensación agradable al escucharlo, esto es debido que la vibración de origen es regular y uniforme. Un ejemplo de sonido seria cuando escuchamos una melodía de un violonchelista en un concierto; el sonido que emite tiene características “musicales” o “armónicas”. Es agradable escucharlo y podemos tener efectos fisiológicos o psicológicos positivos. Como por ejemplo cuando nos emocionamos al escuchar una determinada canción.

En cambio, hablamos de ruido cuando el sonido que escuchamos es molesto, desagradable y de corta duración. Como por ejemplo el ruido que hace una tiza cuando se subraya alguna cosa en la pizarra. Hace falta tener presente que el ruido será mas o menos molesto según el tiempo de duración, intensidad, frecuencia, pero sobre todo de la sensibilidad auditiva de las personas afectadas.

Una vez introducida la diferencia entre sonido y ruido, podemos hablar de contaminación acústica (o contaminación sonora). Imaginemos que estamos caminando por la Avenida Jacquard a las 9:30 de la mañana, justo cuando los locales abren y, en cuestión de minutos, escuchamos muchas persianas de diferente tipo (manuales y automáticas) levantándose, autobuses y coches circulando, un camión de EcoEquip descargando un contenedor de cristal, personas y niños chillando… En un momento, tenemos muchos ruidos de golpe. Esto es lo que conocemos como contaminación acústica; un exceso de ruido que se acumula, se mantiene de forma continuada en el tiempo y altera las condiciones normales del ambiente de una determinada zona.

Estudios recientes indican que hay una relación directa entre contaminación acústica y la salud. El nivel de ruido se mide en decibelios (dB) y, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) los límites “tolerables” de ruido no puede superar los 65dB durante el día y los 55dB durante la noche. En principal problema es que las personas nos hemos acostumbrado a suportar el ruido que hay en la Ciudad y también a generarlo, pero no somos conscientes de la repercusión que tiene en nuestro organismo su exposición.

Una exposición por encima de los “niveles tolerables” de ruido, dependiendo de la intensidad, duración y sensibilidad de la persona, pueden generar en nuestro organismo problemas auditivos (perdida de audición, pitidos…), psicológicos (irritabilidad, estrés, ansiedad…), fisiológicos (aumento de la presión cardíaca, respiratoria, presión arterial…) y relacionados con el sueño y el descanso (insomnio, soñolencia durante el día, cansancio…). Como podéis observar, a parte de la contaminación ambiental en las ciudades, la contaminación acústica es otra de las preocupaciones de los Ayuntamientos, ya que afecta negativamente a la salud si no se tiene en cuenta.

Es por este motivo, que el Ayuntamiento de Terrassa inició un proyecto, en colaboración con diferentes áreas (medio ambiente y Smart City), para estudiar la cualidad acústica en diferentes puntos de la ciudad. Se escogieron 11 puntos estratégicos (Fig. 1) para instalar sensores de ruido capaces de medir, en tiempo real, el nivel de ruido en decibelios (dB).

Figura 1. Localización de los sensores de ruido en la ciudad de Terrassa. Fuente: Visor Sentilo de Terrassa.

A partir de los datos recogidos, los cuales se publican en la plataforma Sentilo, se realiza un estudio del tipo de ruido y su evolución a lo largo del día para poder confeccionar mapas de ruido como se puede ver en el Visor de Mapa Estratégico de Ruido de Terrassa. Muchos proyectos que hay actualmente en curso en nuestra ciudad, están relacionados de manera transversal con diferentes áreas del Ayuntamiento, aunque a simple vista no se observe esta relación. Por ejemplo, el cambio de sentido del Carrer Nou se realizó para mejorar la movilidad en el centro (impulsado por el área de movilidad).

Una vez implantado, se ha visto que hay una mejora en la calidad acústica y ambiental del entorno (implicando de esta manera el área de Smart City en la captación de los datos de los sensores y el área de Medio ambiente en la realización de mapas de ruido). En diversas ocasiones, el estudio de los datos ha servido como elemento favorecedor de los cambios en nuestra ciudad. Por ejemplo, la compra de los nuevos autobuses híbridos municipales se realizó dentro del tema de eficiencia energética, pero analizando los datos de los sensores de ruido, se ha visto reflejado en el papel, que hay una reducción de la contaminación acústica.

Poco a poco, se van realizando cambios en nuestra ciudad para mejorar la calidad del aire y ruido mejorando de esta manera, la salud de sus habitantes.

 

 

Referencias bibliográficas:  

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